La IA puede estar dentro de tu empresa aunque nunca la hayas implementado
Para utilizar inteligencia artificial en una organización ya no es necesario desplegar un gran proyecto tecnológico.
Un colaborador puede acceder en segundos a una herramienta de IA generativa para resumir un contrato, analizar una planilla, corregir código, preparar una propuesta comercial o responder un correo.
La productividad puede aumentar, pero también aparece una pregunta fundamental para las organizaciones:
¿Qué información de la empresa están compartiendo los colaboradores con estas herramientas?
Este fenómeno puede generar una especie de “IA en la sombra”: aplicaciones y servicios utilizados por los equipos que no necesariamente forman parte del inventario tecnológico oficial de la compañía.
El problema no está en utilizar inteligencia artificial, sino en hacerlo sin conocer qué datos se ingresan, cómo se procesan y bajo qué condiciones se protegen.
Un simple prompt también puede contener información sensible
Cuando una persona consulta a una herramienta de IA, puede incorporar información que antes permanecía dentro de los sistemas corporativos.
Por ejemplo:
- Información comercial de clientes y proveedores.
- Contratos y documentos internos.
- Datos personales y financieros.
- Estrategias comerciales.
- Fragmentos de código fuente.
- Credenciales o configuraciones técnicas.
- Documentación de proyectos.
La herramienta puede facilitar el trabajo, pero si la empresa no define qué información puede utilizarse y cuál debe permanecer protegida, el riesgo deja de ser exclusivamente tecnológico y se convierte también en un desafío de gestión.
Es importante considerar que las condiciones de tratamiento de los datos varían según el proveedor, la herramienta, su configuración y el tipo de servicio contratado.
Prohibir la inteligencia artificial no resuelve el problema
Frente a estos riesgos, una reacción posible sería bloquear completamente las herramientas de IA. Sin embargo, esto no necesariamente elimina su utilización.
Cuando una tecnología aporta valor y simplifica tareas, las personas pueden buscar formas alternativas de acceder a ella. Por eso, una estrategia más sostenible consiste en ofrecer herramientas autorizadas y establecer reglas claras para su uso.
Las organizaciones necesitan definir:
Qué herramientas están permitidas.
No todas las plataformas ofrecen los mismos niveles de seguridad, privacidad y administración empresarial.
Qué información puede utilizarse.
Los colaboradores deben reconocer qué datos son públicos, internos, confidenciales o sensibles.
Para qué casos de uso puede emplearse IA.
No todas las tareas presentan el mismo nivel de riesgo ni requieren los mismos controles.
Qué resultados requieren validación humana.
Una respuesta generada por IA no debería asumirse automáticamente como correcta.
Cómo reportar incidentes o dudas.
Los equipos necesitan saber a quién acudir cuando existe una posible exposición de información.
La seguridad comienza antes de ingresar el primer prompt
Adoptar IA de manera segura requiere integrar controles desde el comienzo.
Esto implica combinar políticas internas, gestión de identidades y accesos, clasificación de información, monitoreo, capacitación y tecnologías capaces de proteger los datos corporativos.
También es necesario identificar qué herramientas de IA utilizan los equipos y evaluar periódicamente los riesgos asociados a su uso.
Entre las medidas recomendadas se encuentran la implementación de controles de acceso, la prevención de pérdida de datos, la revisión de las condiciones de privacidad de las herramientas y la definición de procedimientos para gestionar posibles incidentes.
La ciberseguridad deja entonces de actuar únicamente como una barrera frente a amenazas externas. Se convierte en un habilitador para que las personas puedan aprovechar nuevas tecnologías con menor exposición al riesgo.
En SONDA, la protección de la información y la gestión de los riesgos digitales forman parte del enfoque de ciberseguridad para acompañar la transformación tecnológica de las organizaciones.
EJEMPLOS POR INDUSTRIA
Banca y servicios financieros:
Un colaborador podría utilizar IA para analizar información financiera o preparar documentación. Los controles deben evitar que datos confidenciales se procesen mediante herramientas no autorizadas o bajo condiciones que no cumplan los requisitos de seguridad de la organización.
Retail:
Los equipos comerciales pueden utilizar IA para analizar clientes, campañas o inventarios. La clasificación de la información permite aprovechar estos recursos sin exponer datos personales o información comercial sensible.
Gobierno:
La utilización de IA exige especial cuidado cuando intervienen datos personales, documentación ciudadana o información institucional.
Telecomunicaciones:
Las herramientas de IA pueden facilitar el soporte técnico y el análisis operacional, pero requieren controles específicos cuando acceden a configuraciones, datos sensibles o información relacionada con infraestructura crítica.
¿CÓMO AVANZAR?
Una estrategia de adopción segura puede comenzar con cinco preguntas:
- ¿Qué herramientas de IA utilizan actualmente nuestros colaboradores?
- ¿Qué información puede ingresarse en ellas?
- ¿Contamos con herramientas corporativas autorizadas?
- ¿Podemos detectar y gestionar posibles exposiciones de datos?
- ¿Nuestros equipos saben cómo utilizar IA de manera segura?
No se trata de elegir entre productividad y seguridad. El objetivo es establecer las condiciones para obtener ambas.
A medida que la inteligencia artificial se incorpora al trabajo cotidiano, las organizaciones que conozcan cómo circula su información podrán innovar con mayor control, trazabilidad y confianza.
En SONDA ayudamos a las organizaciones a fortalecer su estrategia de ciberseguridad y a integrar nuevas tecnologías dentro de un entorno digital más seguro.
Conoce cómo fortalecer la protección de tus datos y avanzar hacia una adopción segura de IA junto a SONDA.
