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Un sistema de transporte colectivo de pasajeros más eficiente: ciudades más amigables y sustentables.

Un sistema de transporte colectivo de pasajeros más eficiente: ciudades más amigables y sustentables.

El automóvil es el modo de transporte que un porcentaje de la población prefiere, principalmente debido a la libertad y flexibilidad.

Un importante contrapeso a esos beneficios pasa por el hecho de que el automóvil es responsable de más del 50% de las emisiones de carbono del transporte, y el principal culpable de la congestión del tráfico, lo que se traduce en un serio problema para la economía local, pues reduce la movilidad, alarga los tiempos de viaje, genera mayor gasto de combustible y aumenta la contaminación atmosférica y acústica.

Si se mide por pasajero transportado, los buses son una de las formas más limpias de viajar. Sin embargo, en el camino hacia lograr cero emisiones, los operadores se enfrentan a costosas actualizaciones de sus flotas. A pesar de que existen planes para prohibir los vehículos diesel en muchas ciudades, esta es una realidad que no se ve políticamente viable en el corto plazo, en tanto, el costo de convertir los autobuses hacia combustibles más ecológicos (electricidad o gas natural) es enorme, lo que hace muy difícil que se materialice en el corto plazo.

La congestión del tráfico es la mayor amenaza logística para las redes de buses urbanos. De hecho, muchos expertos coinciden en que, si no se controla, la congestión vehicular podría destruir a la industria. Una investigación de David Begg en Inglaterra   muestra que, en los últimos 50 años, los tiempos de viaje en autobús han aumentado en más del 50% en las áreas urbanas más congestionadas. El estudio concluye, asimismo, la existencia de una correlación directa entre las velocidades de operación y la demanda. Por otro lado, disminución del 10% en las velocidades conduce a un aumento del 8% en los costos operativos. De este modo, las ciudades y los operadores necesitan más buses, más combustible y más conductores, solo para mantener el status quo. Si este aumento de costos se pasa a los pasajeros a través de tarifas más altas, el resultado es al menos un 10% menos de pasajeros, de los cuales, probablemente un gran porcentaje se volcará al automóvil.

La alternativa, reducir la frecuencia para mantener los costos operativos, también conduce a menos pasajeros, ya que las personas optan por otros modos de transporte más convenientes. Esto, por supuesto, produce aún más congestión, con el consiguiente aumento de costos operativos, emisión de CO2 y contaminación acústica.

¿Qué hacer en este escenario?

Actualmente, hay una serie de herramientas para hacer frente a estos desafíos sin necesidad de incurrir en gastos millonarios que no son realistas (renovar las flotas de buses para contar con máquinas con combustibles más limpios) o que finalmente motivan mayor uso de automóviles (construcción de más autopistas), a la par de ir masificando el uso de bicicletas y otros medios de transporte, que exige creación de infraestructura vial que cuente con extensas ciclovías. Los Sistemas de Gestión de Flota permiten administrar y monitorear en línea a los buses en sus respectivas rutas, lo que propicia que las flotas operen de acuerdo a la demanda, gestionando la frecuencia con que salen los buses de los paraderos, o reconfigurar las rutas de acuerdo a contingencias que interrumpan el tráfico, desvíos, etc, cumpliendo los niveles de servicio exigidos por la autoridad. En el ámbito de la congestión vehicular, en tanto, los Sistemas de Control de Semáforos y Gestión del Tráfico que en SONDA hemos desarrollado bajo el concepto de Smart Traffic, se complementan con nuestros sistemas de gestión de flota, mejorando el flujo de buses y automóviles en las ciudades, trayendo enormes beneficios operativos y de servicio. En las soluciones que hemos implementado en Brasil, Chile, Argentina y Centro América hemos apoyado a los operadores de transporte para entregar un servicio con tiempos de viaje conocidos y más regulares,  lo que mejora la eficiencia del sistema (menor costo y menores tarifas), atrayendo así – en conjunto con un sistema de pago abierto y un buen sistema de información al usuario – una mayor cantidad de pasajeros hacia el transporte colectivo de pasajeros, con la consiguiente reducción de uso de automóviles. Todo esto se traduce en una importante disminución de las emisiones de dióxido de carbono (170.000 toneladas de carbono en 2018), además de menor congestión vehicular y acústica.

El enorme aporte de contar con un transporte de pasajeros inteligente en nuestras ciudades tiene muchas aristas, pues además de consolidar la sustentabilidad del sistema mismo de transporte (reduciendo costos, ampliando cobertura y mejorando servicio), facilita la circulación y logística de servicios dentro de la ciudad, reduce la incidencia de enfermedades respiratorias, fortaleciendo la economía y, finalmente, el bienestar de los ciudadanos.

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