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Migrar a Azure, en un modelo de Cloud Híbrido: Mucho más que una migración desde un centro local de datos.

Migrar a Azure, en un modelo de Cloud Híbrido: Mucho más que una migración desde un centro local de datos.

De acuerdo a estudios realizados por Gartner, para el 2025, el 80% de las empresas cerrarán sus centros de datos tradicionales. Esto, debido al aumento de la oferta de servicios en la nube, servicios de interconexión, Internet de las Cosas (IoT) y servicios edge. Sin embargo, este cambio no se realiza de la noche a la mañana, sino que es un proceso evolutivo donde va mutando la forma en que se entregan los servicios a los clientes y al negocio.

La migración a la nube – una de las principales tecnologías disruptivas – está al centro de cualquier estrategia de transformación digital de una organización. Seguir soportando sistema legados en paralelo a disponer de una solución cloud, permite crear una infraestructura TI híbrida, pero este modelo presenta varios desafíos: eliminar los silos e integrar procesos, gestionar datos entre diferentes sistemas, determinar qué cargas de trabajo migrar, establecer un modelo de gobierno y seguridad que permita cumplir con las regulaciones, y seguir lidiando con la shadow IT. Si se superan de manera eficiente estos aspectos, los beneficios pueden ser significativos: más velocidad, flexibilidad, agilidad y resistencia.

Las organizaciones necesitan reconocer que una infraestructura de TI híbrida se está convirtiendo rápidamente en el estándar, donde la función del centro de datos tradicional quedará relegado para alojar y administrar los sistemas legados o dedicado a servicios muy específicos que por algún tema regulatorio o de mercado no pueden ser soportados en ningún otro lugar.

El proceso de migración a la nube de Azure podría parecer relativamente sencillo para un administrador de servidores capacitado, pero las tecnologías en la nube son fundamentalmente diferentes a la administración de un centro de datos local. La falta de competencias y certificaciones se puede traducir, entre otras cosas, en no comprender completamente el modelo operativo o de facturación de Azure, lo que puede instalar trabas innecesarias que pueden desacreditar rápidamente un proyecto prometedor. Por este motivo, se requiere una metodología estructurada para realizar la migración a la nube, la cual considera tres grandes fases: Evaluación, Migración y Optimización.

La fase de Evaluación es necesaria para conocer la situación actual de la plataforma de cómputo, considerando las aplicaciones y servidores, identificar la dependencia entre las aplicaciones y los servidores, analizar la información y las configuraciones para garantizar que cada carga de trabajo funcione correctamente en la nube, para finalmente evaluar los costos asociados a la operación en la nube.

La segunda fase, de Migración, permite identificar qué se va a migrar a la nube, definir el método de migración a la nube y cuáles serán las herramientas a utilizar para realizar dicha migración. Para realizar migraciones de aplicaciones a la nube existen varias estrategias, ya que es probable que no exista una única estrategia adecuada para todas las aplicaciones. Por ejemplo, la del Rehospedaje (“lift and shift”) plantea una migración “as is” desde la infraestructura actual hacia servicio IaaS en la nube; la de Replataforma (“lift, tinker and shift”) consiste en migración con optimizaciones menores en la nube, como migrar BD o aplicaciones web a un servicio PaaS, a fin de obtener ventajas tangibles sin tener que modificar la arquitectura; Recomprar (“drop and shop”), una migración a una aplicación o herramienta nueva, típicamente a una opción SaaS (por ejemplo, desde un CRM on Premise a MS Dynamics); Refactorizar/rediseñar, que implica un nuevo diseño de las aplicaciones, aprovechando posibilidades nativas de la nube pública, por ejemplo, migrar una aplicación monolítica a una arquitectura basada en servicios; Retirar, donde se descontinúa el uso de aplicaciones obsoletas y sin mayor uso, con el consiguiente ahorro de recursos; y finalmente, la de Retener, que consiste en mantener la arquitectura actual, sin cambios, por el momento

A modo de ejemplo, una migración del tipo “lift and shift”, replicando la gran mayoría de la infraestructura a la nube, permite completar un proyecto de migración en pocas semanas. Una vez finalizada esta migración, es posible volver a diseñar aplicaciones y servicios para hacer un mejor uso de las tecnologías proporcionadas por Azure.

Por último, la fase de Optimización es el paso obvio después de implementar la estrategia de migración, y busca obtener el máximo de beneficios que ofrece la nube en cuanto a rendimiento, escalabilidad y costos. Para ello se debe buscar la modernización de las aplicaciones, migrar a modelos PaaS o SaaS, así como también habilitar los servicios de seguridad, protección de datos y monitoreo del estado de la nube, además de aprovechar todas las herramientas de automatización.

Para que las migraciones a Azure sean efectivas, es esencial asociarse con un proveedor de servicios certificado en la nube de Microsoft, que no sólo tenga experiencia en migración a la nube, sino que también tenga la capacidad de ofrecer servicios integrales de Azure, traspasando toda la experiencia acumulada, tanto en los anteriores proyectos de migración, e incorporando las mejores prácticas para gestionar de manera eficiente y segura los servicios en la nube.

Columna publicada en: “E Banking News”

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