por Pablo Izquierdo
Gerente General de I-med, filial de Grupo SONDA
En los últimos años las empresas e instituciones han adoptado a gran escala diversas tecnologías que han aumentado la eficiencia de sus procesos y que les permiten ofrecer nuevos servicios a sus clientes. En este contexto, la tecnología biométrica, particularmente la dactilar, asume un protagonismo creciente en aquellos procesos donde es necesario verificar la identidad de una persona.
Hasta ahora, el mayor uso se ha dado en procesos de transacciones donde una de las partes interesadas no está presente. Un caso de éxito en el sector de salud es el sistema de venta de bonos emitidos electrónicamente en el lugar en que se hará la atención médica, evitando al paciente tener que ir a sucursales u otras entidades delegadas, ya que a través de redes la institución pagadora comprueba la identidad del mismo. Todo esto con sólo poner su dedo en un lector de huella digital. Con esta modalidad son muchos los trámites, tiempo y costos que pueden ahorrar las personas y las empresas.
La infraestructura tecnológica requerida es muy económica, ya que a los mismos PC’s que existen en un punto de atención, se les debe agregar un escáner de huella dactilar que cuesta alrededor de los US$ 130. Recursos mínimos, si se tiene presente la proyección de usos que tiene.
En tanto, para su implementación se almacena un Patrón o “Template” de la huella de uno o más dedos en una base de datos central, el que se recupera al momento de la verificación y se compara con la muestra tomada en ese instante. Para ello, hay dos formas de hacerlo, una que realiza esta comparación localmente en el PC y otra, que se realiza en los servidores centrales.
El primer método permite reintentar, capturando nuevas muestras si la comparación falla, sin necesidad de transmitirla nuevamente, lo que la hace mucho más eficiente. Cuando la comparación se realiza centralizadamente, lo normal es obtener una tasa del 20% de falso rechazo, es decir, una de cada cinco personas fracasará en la verificación a pesar que efectivamente sea quien dice ser. Cuando la comparación se hace localmente en el PC, esta tasa disminuye a menos de la mitad.
Esta tasa de falso rechazo se puede bajar aún más, mediante la graduación de los niveles de seguridad en las comparaciones y mejorando los enrolamientos. La solución del Bono Electrónico usa un método basado en 4 muestras y una graduación en base a la edad de la persona, obteniendo el 1,8% de falso rechazo. Esto ha permitido que el bono electrónico haya extendido su uso en Chile, con más de 1,1 millones de transacciones al mes y con una base de datos que ya registra las huellas de 1/5 de la población de ese país y se sigue incrementando en 80.000 enrolamientos mensualmente.
Este año, esa experiencia ha permitido expandir su uso a otros ámbitos como la entrega de tarjetas de crédito, programas de fidelización de clientes en farmacias, retiros de fondos en Administradoras de Fondos de Pensiones, kiosco de venta de seguros de vida, la licencia médica electrónica, etc.
Si analizamos sus proyecciones, estamos en condiciones de hacer de esta tecnología de alta precisión una tecnología adaptable a las necesidades de los distintos sectores de la industria y facilitar de este modo la vida de las personas.
Las oportunidades son inmensas y se espera que se concreten otros proyectos como el uso de la biometría en los bancos, cajeros automáticos, atenciones gubernamentales, la entrega de certificados, el control de medicamentos con receta retenida, el control del subsidio de educación y tantos otros, hasta se podría llegar al voto o sufragio electrónico, apuntando a una democracia digital.
Pero, sin duda, el mayor impacto de esta herramienta que favorece todos los frentes orientados a las personas, las empresas y el sector público, es justamente que todos reunidos hacen a los países más eficientes.
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