Hoy en día hay una gran variedad de aplicaciones comerciales que funcionan, principalmente, mediante dispositivos de verificación fotográfico (en el caso de la autentificación de rasgos faciales) y dactilares (es decir, con scanners o lectores de huellas). Hasta el momento, la tecnología más barata y confiable es la autentificación vía huella dactilar, dentro de la cual hay dos modalidades: la identificación y la verificación.
La identificación consiste en que, a partir del elemento que tú estás utilizando para verificar (la huella dactilar, en este caso) uno pueda llegar a los datos de la persona que pone su dedo sobre el lector biométrico. La verificación consiste en cotejar los datos disponibles en una base de datos con los datos obtenidos por el mecanismo biométrico, para asegurarse de que la persona presente es quien dice ser.
Por ejemplo, la identificación sirve para identificar a un sospechoso. En estos casos, por lo general, uno sólo cuenta con la huella, entonces, a partir de ésta uno puede llegar a los datos del sospechoso, ver quién es y si tiene, por ejemplo, órdenes de aprehensión anteriores o un prontuario criminal, al hacer calzar los datos con la huella. Ese es el sistema 1 a N.
La verificación, por otro lado, consiste en que uno ingresa la huella más el DNI, y ambos datos deben calzar para verificar que la persona es quien dice ser.
Los mecanismos de 1 a N suelen ser utilizados por organismos policiales e implican altos costos en cuanto a inversión en tecnologías. Mientras que la modalidad de verificación, denominada de 1 a 1, tiene múltiples usos en distintas áreas, por ejemplo:
- Seguridad en Sistemas de Información
- E-commerce
- Transacciones electrónicas
- Sistemas bancarios y financieros
- Sistemas de información sanitarios
- Reconocimiento firma electrónica
- Identificación civil
- Control y vigilancia presencial
En el fondo, este procedimiento es útil para cualquier proceso en que sea necesario identificar o verificar la identidad de las personas, dada la fiabilidad del sistema, que está por sobre el 97% de certeza.
El desafío a futuro es seguir implantando sistemas biométricos, pues la masificación de éstos redunda necesariamente en un descenso de los costos de esta implantación. En la medida en que más instituciones se suban, el sistema será más útil, rentable y menos costoso. Generando un beneficio tangible, tanto para el usuario común, como para las empresas e instituciones que utilizan el sistema y, en definitiva, para el país.