El Acta de Bioterrorismo implantada por Estados Unidos, después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, que tiene por objeto extremar las precauciones en todos los procesos que conforman la cadena alimentaria, redefinió los protocolos informáticos y las medidas de seguridad, que entre otras, estipulan contar con ciertos estándares de trazabilidad.
En esta misma senda, a partir del 1 de enero de 2005 se exigirán requisitos de trazabilidad en el mercado europeo y nipón para todas las empresas de los sectores dedicados a la alimentación humana y animal que quieran establecer con ellos algún tipo de comercio, transformando a la rastreabilidad en un elemento fundamental.
La trazabilidad, es un instrumento inteligente y acorde a la realidad emergente, en definitiva, un requisito en sí mismo que también se le conoce como rastreabilidad y que no se relaciona exclusivamente con un área productiva, pudiéndose aplicar a animales con la capacidad técnica de identificación de un animal desde su nacimiento, o de un vegetal desde su plantación, hasta el final de la cadena de comercialización de sus distintos productos, principalmente de los agroindustriales.
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